Ya he vuelto a los Estados Unidos. Después de 45 días viajando por toda Europa, ya estoy en casa, escribiéndoles de mi cama, acostado con el gato mío encima de mi pecho. Fue una experiencia genial – pasé semanas yendo donde sea. Ya que tenía un paso universal del tren, por el tren siempre iba yo. Comencé después de dos semanas en Venecia, luego viajando hasta Innsbruck por las montañas y sobre ríos fuertes y bellos – de vez en cuando haciendo mis tareas mientras el paisaje me pasaba por la ventanilla del tren. Después, viajando hasta Amsterdam donde revisé unos ensayos mientras tomé el ambiente de un coffeeshop – disfrutando a todos que pasaron en frente de mi cuando miraba a un pared para invocar una idea nueva. Seguía hasta Luxembourg y luego casi 15 horas en tren tratando de llegar a tiempo en Copenhagen donde me esperaba mi papá. Fuimos él y yo a Stockholm donde nos maravillamos del vejez y belleza del ciudad. Y por fin, a Helsinki, un lugar que me desilusionó. Una ciudad bien bella pero menos interesante que la realidad que había creado en mi mente.
Qué suerte tenemos cuando podamos viajar así, incluso si sólo es una vez…

